Salvación con pronunciadas curvas de mujer, demasiado tiempo, y demasiadas pieles penden.
Demasiado corazón vomitado, agujeros en el estomago y pastillas para la ansiedad.
Ultrajadas hasta decir basta y aún así como el aceite.
Hijas del mal.
Costilla de perro.
Bellas como cielos cada día con colores nuevos, villas atestadas de flores.
Pañuelos en el pelo y vestidos con encaje, sonríen y parece que se iluminara todo.
Yo que las siento, yo que soy parte, de una parte en parte, de toda esta atmósfera sensual.
Sonrío y pareciera que lo necesitasen.
Vine para re colocar la fuerza, el truco siempre está en la madre.
Parí a un mundo y hoy se ve que sufre.
Alentar sus múltiples siglos de soledad. De maltrato sin motivo.
Una sopa fría, un cenicero en la cocina y los ojos fijos al reloj.
Un alma en descomposición de pena, con picardías y rímel corriendo las mejillas.
Un hombre que no llega y la casa sin barrer, otro día más.
Localizaciones distintas, tiempos diferentes, historias que no cesan de iguales.
Llamaradas de madrugada.
Muchas copas y algunos cumplidos de falsa purpurina.
Sexo sin caras en cualquier habitación del sacrificio.
Al día siguiente mezcla entre vida y embarazo.
Todas mirándose unas a otras por la calle, tímidamente con los labios color : ya no puedo más.
Ellos impasibles, orgullosos y perdidos.
Llenos de razones que son menos que nada.
Huelo arder sus cuerpos.
Aveces acercamos tanto el hocico que lo perdemos.
Para siempre.
Se dijeron.
Y tocará encontrar quien no aproveche eso.
Borrador de nada.
Papel arrugado en la basura.
Tintas del chino.
Bolígrafos no duran un asalto.
Ya no uso al papel.
Lo dejo en blanco por ser la salvación de alguna tinta fértil.
No demasiadas más.
Ninguna más.
Por mi y por ellas.
Necesitan a mi imagen limpia.
Tanto como a mi sonrisa.
Para saber que puede ser posible salvar lo insalvable en positivo.
Porque nosotras tenemos ese poder.
Después y siempre y cuando el alma lo permita.
Lo abarque.
Lo pueda soportar.
Salvar algo del polo de otro lado.
Lo dulce del polo opuesto con tridente, y cuerpos color rojo fuego que te embiste.
Las veo sollozar y siento al mundo palpitar en toda su llaga.
Una radio que no sintoniza nada ya, pero aun así cada día es encendida y algún día, eternamente suene bien.




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